lunes, 11 de abril de 2016

La pelota era mía

Otra vez caigo a llanto limpio por el tobogán más seco del parque. Tengo arañas punzantes avanzando por toda mi dermis, sé que son parte de mí, pero sólo las veo cuando no quiero.
Otra vez soy un rostro inexpresivo explotando.
La vida vuelve a jugar conmigo, cuando ya le he dicho que no, que el balón es mío y mando yo. La vida sigue siendo una abusona. Pues juega tú sola, a mí no me ralles.
No pienso entrar en esa espiral- digo mientras doy vueltas en esa espiral.

Me aprieta la ropa que no llevo, me ahoga, me ansia. No hay tregua porque no hay guerra, y eso es lo que me hace no nacer.
Otra vez he conducido en silencio, a una velocidad casi suicida, sin miedo a no morir. A continuación otra vez me he topado con un ser inerte en el espejo del ascensor, me decía que no era de este mundo y me pedía que lo dejase ya. Llevo tres días evitándome en los cristales, sabiendo que este silencio me está sorbiendo el alma, sabiendo que el reflejo quiere toparme, para no seguir observando desde el vidrio de una botella, como me destruyo yo antes que nadie.

Toma la pelota, toma el reflejo, toma el alma. Déjame.

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