lunes, 11 de junio de 2018

Migajas

Me das de comer como a un pajarito. Migajas.
Primero me las tiras al suelo y luego me las das de tu mano. Y yo pico.

Ya me ha pasado antes, he viajado por experiencias como tú, siempre acabaron pronto y mal.
Nunca llegaron a empezar.

No pienso caer en tu trampa, no me da la gana vivir de ilusiones falsas.
Sólo quieres que te baile el agua y yo sólo quiero sumergirme y bajarte los humos.
Sólo quiero estar lejos, pero de repente estoy cerca y vuelvo.
De repente me miras comer de tu mano y yo quiero hacerlo bien.
Quiero que me veas hacerlo bien, te quiero agradar, quiero que no pares de mirarme.
Pero paras.

Y yo me vuelvo a repetir lo anterior, y vuelvo a recordarme que NO.
Que yo me merezco algo mejor, que no sea el propio si pierdo un amor.
Quiero que te quede claro, que no soy como las demás,
pobres, que cayeron por el camino de hacerse escuchar, de que las vieras.
No voy a caer, aunque esté cayendo, jamás - lo voy - a - reconocer.

Que en el fondo me da igual si vienes o vas. Sólo elige un camino y síguelo hasta el final.

miércoles, 30 de mayo de 2018

A mi suerte

Me siento como una niña perdida en un centro comercial abarrotado de gente.

Sé que si paro de andar voy a morir, pero tengo las piernas tan cansadas que no las siento.
Voy caminando con rumbo, pero sin meta. Esperando a que me encuentren mis padres, y no sea un hombre malo el que me vea primero.

-Pobre niña, se le ha olvidado que es huérfana e invisible, que no se refleja en el espejo, que por ese camino no hay nadie.-

Oigo el eco de mis pasos, cada vez más torpes, caigo en las garras de mi antiguo yo, que desea sufrir.
Y empiezo a desear sentirme oscura y perdida, los siete pecados capitales me acechan y les abro la puerta. Sobretodo a dos.

Tengo un ángel al hombro que me hace temer, me dice que si caigo no me vuelvo a levantar, vuelven mis ganas de cuidarme. Pero por favor, necesito un puente hacia el otro lado, quiero poder entrar y salir de mi yo macabro, porque estoy enamorada de ella, porque me hace sentir viva, porque me hace escribir.

Ese puto ángel, sólo quiere que sea una hormiga, me estabiliza, pero me hace ser un mar infinito de rutina. Quiere que sea una más, que acalle mis ganas de enloquecer, de reírme en alto, de follar en la cima de una montaña. No entiende que no puedo aguantar en su mundo mucho tiempo, que siento que voy a acabar decepcionándome, quiero crear mi propio ritmo, quiero tener mi propia transición, quiero conservar mis dos partes.

A medida que ando, pierdo la esperanza de que nadie me encuentre, creo que no me van a salvar, creo que estoy sola aquí. Cuando abrazo a la gente que encuentro, la atravieso, ¿me estarán viendo?, les llamo y siguen como si nada, ¿acaso esta parte de mí es invisible?.
Por favor, que alguien me vea, necesito un abrazo en este dolor.

Sigo perdida, a mi suerte, sigo andando con este sobresfuerzo que me quita el aliento, necesito dormir 72 horas, despertarme con el desayuno en la cama y empezar a ser yo.

domingo, 8 de abril de 2018

El problema soy yo

La luz directa me marea,
acostumbrada a vivir en la cueva de Platón,
a interpretar ideas sin llegar a materializarlas,
veo las sombras bailar e imagino que bailo.

Aún no he movido ni un dedo,
muevo un dedo para contradecirme.

Busco el primer motor inmóvil
y me doy cuenta de que 
puede que el motor sea yo.

Todo gira a mi alrededor, 
yo soy una piedra que piensa.
Me han disparado 
y no he cambiado el gesto,
sigo tan rota como antes.
Tengo esa entereza.

Ojalá la realidad quiebre,
que se rompa como un papel,
porque así de fina es.
Me aburre este attrezzo,
me aburre esta obra,
me aburren los actores,
me aburre tener que actuar.

Tengo ruido,
se exterioriza a mi alrededor,
pero en el silencio es ensordecedor.
Tengo un ruido constante, 
no habla ningún idioma, 
pero se comunica conmigo.
Disminuye mi paciencia,
no me deja dormir, 
me toca los músculos 
hasta contracturarlos.

El problema soy yo, que no me aguanto.

El problema siempre soy yo.

viernes, 30 de marzo de 2018

Desprendimiento

Me desprendo hacia la nada, queriendo desprenderme de mis apegos.
Desaprendo y ando, intento aceptar mis sentimientos.

Asimilo este estado de aversión y desapego.
Soy una avalancha, devastadora, pero por fin caigo libre.
Aguantar mi peso se estaba volviendo insoportable,
ya no siento la necesidad de mantener una situación insostenible.

Sí, me estoy derrumbando y no sé cuándo voy a parar,
no sé cuántos pueblos voy a arrasar,
no sé si te perderé entre la nieve y las rocas,
pero no puedo seguir condicionando mi caída,
ni intentar reconducirla.

Soy un montón de kilos de libertad cuesta abajo,
sé que cuando llegue al valle podré descansar,
no tendré que sostener todo este peso.

Tengo mucho miedo, pero me siento ansiosa,
como antes de hacer paracaidismo.
Sé que tengo que hacerlo.

No quiero devastar, sólo poder estar,
dejar la mochila de la culpa
y aceptarme
y dejarme ser
y quererme así, fría.

martes, 27 de marzo de 2018

oief wpoirhbfjk

¿Con qué canción de fondo me suicidaría?
Seguramente con algún preludio de Chopin.

Ahora mismo siento tanto dolor, que hacerme cualquier daño solo sería un alivio. Que matarme sería paz y silencio. Mi dolor no vale para nada, no tiene utilidad, es como yo. Ni siquiera me ayuda a saber lo que quiero.

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Ojalá pudiera romper la pantalla del ordenador contra el suelo, destrozar mi cuarto y quemarlo todo, para después correr hasta que se me gasten las fuerzas, y ahí donde caiga rendida, rendirme y morir.
Poder, puedo. Ojalá quisiera del todo, porque en el fondo lo que quiero con ansia es recomponerme y poder vivir. Pero esta lucha es tan dura, tan larga, que cuando vas a coger aliento y encima no hay oxígeno... te preguntas ¿para qué? ¿para qué si llevo años sembrando hasta caer agotada si no recojo nunca frutos?

Muchas veces me imagino clavándome un cuchillo justo donde acaba el esternón, me imagino lo que sentiría, el dolor y el alivio de saber que me voy. Siempre dicen que hay que saber cuando dejar ir, cuando soltar el hilo, cuando desprenderse. Yo agarro el hilo de la vida con dos dedos, de manera tan suave que podría escaparse en cualquier momento, hago bailes con los dedos y el hilo baila también, y pienso en dejarlo ir, como un niño que suelta un globo, y vacilo más con mis dedos. Quizás dejar ir te haga más libre, como tanto dicen. ¿Qué me espera después?

Tengo ese sentimiento de superación, no creáis que no. Puro ego diciéndome que soy la hostia de fuerte y que no abandone, puro orgullo que me recuerda que soy una soldado. Que si me rindo he fracasado. Pero sin rendirme, yo ya siento que lo he hecho.

Mi familia debería sufrir por lo que estoy sufriendo ahora mismo, tanto como si me muriese, porque si no me mato es por ellos, pero mientras yo esté viva a ellos les da igual.

Me da igual lo que penséis de mí, me da igual lo que esté pasando en el mundo ahora mismo, me da igual la corrupción, me da igual la justicia, me da igual todo lo que haya fuera de esta habitación, ahora sólo existimos ella y yo. Y no sé cuándo voy a querer salir de aquí, o si voy a querer.
Todo cuelga de este texto, me debato entre la vida y la muerte en mi blog. El spoiler es que seguro que escojo la vida porque nunca sufro lo suficiente. Nunca son demasiadas patadas en la boca.

martes, 20 de marzo de 2018

Pérdida

Tengo miedo, ahora mismo no puedo ni moverme de dónde estoy, porque veo como todos los pasos que me quedan por dar, me llevan al valle. Y yo quería quedarme en la cima.

Cualquiera pensaría que lo mejor es seguir y que cuesta abajo cogeré carrerilla. Pero en la cima está la última brizna, y creía que sobreviviría a mí.
Pienso en seguir andando porque a veces la he pisado sin querer y no quiero que mis huellas signifiquen eso.

Sé que no estáis entendiendo nada. Pero confiad en mí, sé perfectamente lo que estoy diciendo. 

Estoy perdiendo el temple, el equilibrio y el tempo. Mis piernas se van a poner a correr solas en cualquier momento y no voy a tener tiempo ni de despedirme...

Me siento muy sola desde que no lo estoy, es mi condena, nunca es suficiente, nunca se calma mi pecho, nunca se me acompasan los pulmones, nunca conecta la piel, siempre noto ese cortocircuito y empieza la culpa.

La pérdida no es de mí misma, porque yo sé que estoy en alguna parte de por aquí cerca, la pérdida es de esperanza, de visión, de ilusión. No puedo mirar hacia delante, me deslumbra la nada, no puedo sonreír porque no hay certeza. A veces la brizna me quiere hacer creer que va a crecer, me pide que no me vaya, que me quede mirándola. También me hace sentir culpa por pensar en el valle, “dices que mi crecimiento te ciega, pero el valle es una visión clara” me dice mientras meto mi cabeza entre las rodillas e intento respirar.
En eso se resume todo, en que los dos globos de detrás de las costillas, se llenen de O2.

Y aquí sigo, haciendo tiempo perdido hasta que al destino le de por actuar, o esperando que nada cambie, o que la brizna crezca, o que baje rodando hasta el valle y me ciegue mirar atrás.

jueves, 1 de febrero de 2018

Naranja dulce

El olor a naranja dulce me recuerda a mi abuela. 
Recuerdo que con la cáscara de la naranja y un cuchillo, dibujaba unos dientes en la parte interna y se ponía el trozo en la boca para asustarnos a mis hermanas y a mí. Nos daba mucho miedo, pero siempre le pedíamos que lo hiciera. 
Lo que más nos gustaba era que todo el proceso lo hacía sin que nos diéramos cuenta y siempre acababa sorprendiéndonos.